I
No miro, escucho. No veo, oigo. No pongo atención en detalles, ni aún sé como es que estas personas que pasan junto a mi llevan sus ropas. No recuerdo siquiera las formas de sus rostros ni complexiones. ¿quién por su aspecto puede "mostrarse"? ser él o ella.
Creo que mis sentidos están estropeados por el tiempo. Mi vista es mala, mi sentido del gusto es muy selectivo, esto me fastidia. Mi olfato se burla de mi miseria y mi piel no distingue ni su propia aspereza.
No así mis oidos, estoy orgulloso de mi audición. Puedo escuchar trenes que pasan a lo lejos. En ocasiones, cuando es de madrugada y el mundo está en reposo escucho las ramas de los árboles movidas por el aire. Pero esta agudeza es mayor cuando escucho a Rachmaninov o a Beethoven o al magnífico Tchaikovsky o a Vivaldi, mucho más con Brahms y Mahler. Los detalles que paso por alto en la apariencia de las personas, acá los guardo con encanto y profunda belleza.
No miro, escucho. No veo, oigo. No pongo atención en detalles, ni aún sé como es que estas personas que pasan junto a mi llevan sus ropas. No recuerdo siquiera las formas de sus rostros ni complexiones. ¿quién por su aspecto puede "mostrarse"? ser él o ella.
Creo que mis sentidos están estropeados por el tiempo. Mi vista es mala, mi sentido del gusto es muy selectivo, esto me fastidia. Mi olfato se burla de mi miseria y mi piel no distingue ni su propia aspereza.
No así mis oidos, estoy orgulloso de mi audición. Puedo escuchar trenes que pasan a lo lejos. En ocasiones, cuando es de madrugada y el mundo está en reposo escucho las ramas de los árboles movidas por el aire. Pero esta agudeza es mayor cuando escucho a Rachmaninov o a Beethoven o al magnífico Tchaikovsky o a Vivaldi, mucho más con Brahms y Mahler. Los detalles que paso por alto en la apariencia de las personas, acá los guardo con encanto y profunda belleza.